Todo está
tan oscuro. Miro a mi alrededor y no escucho un sonido proveniente de
humanidad. Un siniestro silencio se cierne por el pasillo. Comienzo a dar
pequeños pasos como cada noche que aparezco aquí, todo es tan tétrico como cada
noche. A través de las ventanas se puede apreciar un bosque, aunque no en sus
mejores momentos. Muchos de los árboles están secos, y parece que ni en la
lejanía vaya a haber uno sano.
Sigo
caminando hasta encontrar con la puerta que da al exterior, muevo el picaporte
y como cada noche no se puede abrir. Me doy la vuelta y busco otra salida. Las
ventanas del segundo piso están rotas, pero incluso para mí está muy alto. No
sería capaz de saltarlo sin romperme algo. Busco otra salida por la planta
baja, pero todo está cerrado. Me apoyo en la pared y siento escalofríos por
todo mi cuerpo, me dejo caer, escurriéndome y sentándome en el suelo. Acerco
mis rodillas a mi pecho y escondo mi cara. No me gusta este sitio, es tan
tenebroso.
“No tengas miedo, todo está bien” escucho un eco por toda la casa, y a causa
de ello siento mi cuerpo estremecerse.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
-Andy levanta ya de la cama –dice una rubia ceniza a su hija desde la puerta.
-Ya voy –dice sin fuerzas. Es como si todo lo que
la rodea le quitase las fuerzas para levantarse.
-Deberías aprender a levantarte tu sola, para no
tener que ir yo detrás de ti cada día…
-Tal vez no
quiero ni levantarme, tal vez sólo quiero cerrar los ojos y no despertar más,
tal vez sólo quiero olvidar que existo, que existes, que todo el mundo existe –pensó.
-… nunca traes amigos a casa, siempre vas con ropa
oscura y de manga larga, nunca me cuentas nada...
-¡Por dios! ¡Cállate de una puñetera vez!
Sale a toda prisa de esa casa, corriendo cómo si
huyese de su presa, de algo que la encierra. Corre sin rumbo fijo. Llega hasta
un parque lleno de árboles y se sienta bajo uno, sin aliento con lágrimas
derramadas y por derramar en sus orbes. Su respiración agitada como si fuese a
dar la última inspiración cuando comienza a llover.
La noche llega y aunque siga diluviando se siente
segura bajo el manto de la oscuridad, como si ahí nada pudiese hacerla daño.
Esa misma seguridad que tienen los bebés al estar en brazos de su madre.
Las fuerzas, cómo cada noche espera, empiezan a
desvanecerse, pero esta vez siente que de verdad no va a volver a despertar.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
Abro mis ojos de golpe y estoy donde siempre, en mi pesadilla, tal vez todavía no haya sido mi hora, o tal vez éste sea el otro lado, tal vez vaya a estar aquí sola por la eternidad, …
-Tal vez
este sea la visión de tu miedo, en otras palabras, tu pesadilla.
Nunca he
escuchado otra voz. Mi respiración se acelera, siento como mis manos tiemblan,
mis ojos siento que cada vez ven más oscuros. Me giro despacio pensando que lo
más probable es que haya sido mi imaginación.
Pero no ha
sido mi imaginación, hay una chica delante de mí. Lleva ropas… extrañas, y su
pelo es de un color rubio platino. Sus facciones parecen tratarse de una
muñeca. Al estar tan seria es un poco intimidante.
-¿Q...qu…
quién eres?
-Sigrdrífa,
una valkiria, encantada de conocerte al fin Andy.
-¿Cómo sabes
mi nombre?
-No es muy
difícil saberlo cuando se es una valkiria.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
-Ya despierta, hay que llamar al doctor.
Se despierta en una habitación completamente
blanca y con una ventana, un sillón al lado de la cama, y con apenas alguna
cosa más. Su cara preocupa a su madre, aunque quién no lo estaría si acaba de
verla despertar y con una cara de no saber dónde está ni que sucede.
-Desapareciste…
-Mejor esperemos a que venga el doctor –dice un
castaño poniendo una mano en el hombro de la rubia ceniza.
-¿Por qué
están tan preocupados por mí? Yo siempre fui decepciones… -pensó.
Entra un hombre con pijama y bata blanca, se da
por hecho que es el médico, y pide que todos salgan de la habitación, al
principio la progenitora se pone reacia a dejarla sola, pero su marido la ayuda
a entrar en razón. Mientras la va mirando el que la fiebre haya bajado, y que
se encuentra mejor la pregunta:
-¿Por qué te autolesionas?
Andy se queda petrificada, si el doctor ya lo
sabe, estará a punto de decírselo a sus padres. En su cara se ve la
preocupación porque se pone pálida, como si de un muerto se tratase.
-Si tanto te preocupa que se lo diga a tus padres
no se lo diré, lo harás tú. Aunque no lo parezca a simple vista estas
perjudicando tu salud.
-Doctor… yo… n… no puedo… no es algo que les pueda
decir. Y usted mucho menos.
-Si no lo haces tú, lo tendré que hacer yo.
Necesitas que te ayuden a poder parar, a ayudarte con el tema que te puede
estar perjudicando. Ahora descansa, en cuanto se lo digas a tus padres te daré
el alta, sino serás vigilada aquí.
La rubia se dejó caer petrificada sobre la cama. “Yo no he hecho nada malo, ¿por qué me tenía
que pasar esto a mí?” se decía a sí misma una y otra vez, intentando buscar
una respuesta, pero nada llegaba. Hasta que simplemente se dejó abrazar por los
brazos de Morfeo.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
-Otra vez aquí.
-¿No debería
de decir eso yo? Es mi sueño…
-Sí,
supongo, pero soy yo la que viene a ayudarte a salir de esta jaula, ¿o podrás
tu sola?
-¿A qué te
refieres?
-Me refiero
a que el estar aquí encerrada no es bueno para tu salud. Porque irás al mundo
de los muertos antes de tiempo y eso es algo que yo debo evitar. Tú eres la que
decide si creer o no, yo sólo te puedo ayudar a salir de aquí, más bien
enseñarte, porque no puedo hacerlo por ti. ¿Estás dispuesta a intentarlo?
- ¿Y si digo
que no?
-Será la
respuesta equivocada.
-Entonces no
estoy segura.
- ¿No
quieres salir de aquí? Te estás perdiendo mucho por estar aquí encerrada, te
sugeriría que te lo pensases, estar aquí sola no es muy bonito –me dice
mientras da vueltas alrededor de mí.
Y cuando me
quiero dar cuenta ha desaparecido, como si nunca hubiese estado, como si solo
fuese un recuerdo.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
-Claire, pronto despertará, ya verás que está bien.
-El médico dijo que la niña tenía que decirnos algo, pero que no la agobiásemos -dice su madre, pero lo que no sabe es que Andy les estaba escuchando.
-Vamos a tomar un poco el aire y a tomar algo, vendrá bien despejarnos, y si despierta nos avisarán, no te preocupes.
En cuanto la rubia paciente escuchó que sus padres salieron de la habitación ella abrió los ojos, y poco a poco se fue colocando en la cama, para acabar cómodamente sentada. Y se dijo a sí misma:
-No puedo hacer esto sola...
Cuando Andy está inmersa en sus pensamientos, se abre la puerta y por ella aparece una cabellera rubia. Cómo la mayor no se ha dado cuenta la pequeña se acerca hasta ésta sorprendiéndola.
-¿Qué haces aquí May?
-Con papá y mamá me aburría y quería ver si ya estabas despierta -dice con una mirada inocente.
-¿Por qué comenzó todo? Tal vez sólo fue porque me sentía sola e incomprendida, pero ¿sola? mu familia está ahí, ¿hay razones para sentirme así? lo único que no tengo son amigos, por lo demás... tengo a mi familia, no necesito nada más -pensó la rubia mayor.
Lo que seguramente haría sería que cuando viniesen sus padres hablarlo con ellos, que por cierto, apenas fue una media hora más tarde, que si transcurrió rápido ese tiempo fue porque su hermana le contaba su día a día de clase. Al parecer sabía distraerla bien.
Cuando al fin los progenitores de ambas aparecieron, todo se quedó en silencio por un segundo, hasta que la mayor dijo:
-Hola.
Los dos fueron a su lado y pidieron a la menor que saliese un rato, estuvieron hablando de nimiedades hasta que la rubia pensó que había llegado el momento de contarlo. De poner punto y final a su capítulo, para poder comenzar uno nuevo.
-Me autolesiono.
Sus padres se quedaron mudos, pero no le reprocharon nada, sólo llamaron al médico y pidieron consejo, ignorándola, pero no porque quisieran sino porque no sabían cómo tratarla. Todos quedaron de acuerdo en poner punto y final. Ella había creado un vínculo con el doctor, al fin podía decir que tenía un amigo. Ahora podía pensar en sí misma y en saber que puede aceptar ayuda de otros.
Esa noche en su sueño, Sigrdrífa, se despedía de ella, porque había podido saltar por la ventana del segundo piso. Sabía que cuando callese aunque se pudiese hacer daño, podría sonreir junto a alguien.
-Vamos a tomar un poco el aire y a tomar algo, vendrá bien despejarnos, y si despierta nos avisarán, no te preocupes.
En cuanto la rubia paciente escuchó que sus padres salieron de la habitación ella abrió los ojos, y poco a poco se fue colocando en la cama, para acabar cómodamente sentada. Y se dijo a sí misma:
-No puedo hacer esto sola...
Cuando Andy está inmersa en sus pensamientos, se abre la puerta y por ella aparece una cabellera rubia. Cómo la mayor no se ha dado cuenta la pequeña se acerca hasta ésta sorprendiéndola.
-¿Qué haces aquí May?
-Con papá y mamá me aburría y quería ver si ya estabas despierta -dice con una mirada inocente.
-¿Por qué comenzó todo? Tal vez sólo fue porque me sentía sola e incomprendida, pero ¿sola? mu familia está ahí, ¿hay razones para sentirme así? lo único que no tengo son amigos, por lo demás... tengo a mi familia, no necesito nada más -pensó la rubia mayor.
Lo que seguramente haría sería que cuando viniesen sus padres hablarlo con ellos, que por cierto, apenas fue una media hora más tarde, que si transcurrió rápido ese tiempo fue porque su hermana le contaba su día a día de clase. Al parecer sabía distraerla bien.
Cuando al fin los progenitores de ambas aparecieron, todo se quedó en silencio por un segundo, hasta que la mayor dijo:
-Hola.
Los dos fueron a su lado y pidieron a la menor que saliese un rato, estuvieron hablando de nimiedades hasta que la rubia pensó que había llegado el momento de contarlo. De poner punto y final a su capítulo, para poder comenzar uno nuevo.
-Me autolesiono.
Sus padres se quedaron mudos, pero no le reprocharon nada, sólo llamaron al médico y pidieron consejo, ignorándola, pero no porque quisieran sino porque no sabían cómo tratarla. Todos quedaron de acuerdo en poner punto y final. Ella había creado un vínculo con el doctor, al fin podía decir que tenía un amigo. Ahora podía pensar en sí misma y en saber que puede aceptar ayuda de otros.
Esa noche en su sueño, Sigrdrífa, se despedía de ella, porque había podido saltar por la ventana del segundo piso. Sabía que cuando callese aunque se pudiese hacer daño, podría sonreir junto a alguien.


