Hace poco leí un libro del que me gustaría comentar “Las diosas de cada mujer” de Jean Shinoda Bolen. No es que quiera comentar todo lo que dice y eso, pero sí que quiero decir mi opinión sobre lo que leí.
En el libro comparaba las formas de actuar de las mujeres
con la de las diosas, por ejemplo, lo mucho que busca Hera un hombre (es decir
un hombre que sea su príncipe azul), y si lo encuentra todo es muy dulce, sino
se convierte en la cegada Hera. Yo lo entendí así, y lo mismo con Artemisa,
Atenea, Hestia, Deméter, Perséfone y Afrodita.
También comentaba como cada mujer en cierta ocasión puede
ser una diosa u otra, y a mí, mientras lo leía, me gustó compararme con todas
ellas. Desde que lo comencé a leer y hasta que lo acabé también fui comparando
a las personas que me rodeaban, no puedo decir a todas las personas, porque no
sería cierto.
No creo que me gustase cuando ponía que no todos los padres
aceptaban las diosas de sus hijas, porque lo explicaba tan… si un padre no
acepta que su hijo es aventurero, que le gusta experimentar cosas nuevas o
hacer deportes, está haciendo que su diosa no se desarrolle y que pueda
producir que se encierre en sí misma.
No hay que excluir que en el libro dice que se puede tener
una diosa, y luego a la vez estar incitada por otra, por ejemplo, ser como
Artemisa que le gusta probar cosas y que con el tiempo sienta necesidad de
tener una familia (como Hera), o un hijo (Deméter).
Explica que estas siete diosas se dividen en tres grupos:
Diosas vírgenes: Artemisa, Atenea y Hestia.
Diosas vulnerables: Hera, Deméter y Perséfone.
Diosa alquímica: Afrodita.
Esta clasificación me llamó la atención, porque al ver que
una de ellas estaba sola me sabía raro. También me llamó la atención al ver
diosas vírgenes, pero explicó que no es que lo fuesen, sino que tenían la
virtud de no ser dañadas sentimentalmente (creo que es una virtud hasta cierto
punto, igual el carácter de Hera al saber que Zeus le era infiel hasta cierto
punto también lo veo una virtud).
De tantas veces que me han dicho “todas las cosas son
buenas, pero no en exceso” ha producido que hasta yo me lo creo. Y cuando lo
veo a mi alrededor pues lo pienso así. No hay que excederse con nada, aunque
las emociones nos ganen poco a poco hay que ir aprendiendo a controlarlas.
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