Todo pasaba tan lento. Ella encerrada en esa habitación. Él
fuera. Si todo fuese tan simple ella podría estar fuera junto a él, jugando,
cómo hacían todos los niños de su edad. Pero el destino no lo quiso así, y
aunque pasen los años, ella sigue encerrada en esa habitación. Sin poder salir.
Posa su delicada y blanca mano en el frío cristal. Nota un
gran contraste de temperatura que, como cada vez, la hace querer sentir en todo
su cuerpo. Sentir el frío y el aire de la calle. Se escuchan pasos provenientes
del pasillo, ella sólo nota pequeñas vibraciones que sabe reconocer, y cierra
los ojos, sabiendo lo que se aproxima. Gira la cabeza viendo cómo aquella mujer, cruzada de brazos, la mira con el ceño fruncido, esa mujer que viste un vestido negro, con un perfecto moño en su cabello negro como el carbón y unos tacones no muy altos, lo suficiente para parecer más imponente.
-¿Qué haces asomada a la ventana? Eso sólo hará que tengas más ganas de salir -la pequeña de pelo de fuego sólo veía mover los labios, le costaba entender lo que le decía. Apenas conseguía diferenciar "¿Qué haces...? ...más ganas...", parecía que la imponente mujer sólo hablaba rápido cuándo estaba cabreada.
Y con la dulce niña siempre hablaba rápido, eso podía deberse a que su simple presencia la irritaba, o tal vez su inocencia, o su belleza. El caso es que al no estar los padres de la pequeña ella dejaba salir todo lo que tenía en su interior con ella. Si todos pensaban que estaba muy enferma a causa de su enfermedad pues mejor. Aunque sea simplemente sorda de nacimiento.
La niña no conseguía pronunciar palabra, no tenía intención de responder a la mujer, así que cuando la agarró del brazo volviéndola a llevar a su alcoba, simplemente, se volvió a preguntar: Si me resisto, me dará golpes otra vez, ¿por qué ya no se me ocurren formas de escapar?
En todo el trayecto, no paraba de refunfuñar, aún sabiendo que sería para sí misma, nadie más que ella la escuchaba en aquella pequeña vivienda, de dos pisos. Estaba bien amueblada, pero no en excesividad, unos armarios por allí, algún que otro cuadro por allá. Realmente las habitaciones no eran gran cosa, pero estaba muy bien para los tiempos en los que vivían, el único problema... es aquella mujer que se había metido en su vida a causa de su deficencia. Así se veía así misma, como una carga.
Cuando por fin volvió a desaparecer, sintió cómo la ventana le decía que se asomase, siempre le dice lo mismo. Ella se acerca y le ve. Él fuera, jugando y ella dentro, encerrada, aburrida de siempre lo mismo. Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se dió cuenta cuando él la estaba mirando. Pero así era, él la miraba, y muchas veces intentó ir a verla, para que saliese a jugar con ellos, pero aquella mujer se interponía en los deseos de unos pequeños niños.
La niña volvió de sus pensamientos y esta vez sí se dió cuenta de que él la miraba. Primero se sintió avergonzada, y se puso a mirar a sus lados como queriendo esconderse, y al final miró al frente e iba a saludar, pero se dió cuenta que el niño ya no estaba.
Perdió su oportunidad, tardó demasiado.
Tiempo después de eso, el niño no aparecía, iban pasando los años y la pequeña pelirroja se iba volviendo una señorita que añoraba su brillante sonrisa. Le habría gustado al menos saber su nombre, haber jugado con él, o aunque fuese... haberle saludado a través del cristal. Antes le parecía una nimia cosa sin importancia, pero ahora siente que algo podría haber intentado.
Cuando ya tendría los quince años, sus padres tuvieron un accidente con un coche, esas nuevas máquinas que están haciendo sensación por ser tan nuevas. Al menos aquella mujer ya no está, ella misma contrato a otra chica de la que a su vez se hizo amiga, y salían a pasear, y aprendía mucho más a leer los labios, pero también aprendía lo que debía aprender en un colegio en su momento.
En unas navidades blancas, ella ya tendría sus veinte años, iba por la calle caminando con su amiga, cuando vio a un hombre andando recto, uniformado, corpulento. Le pareció que le sonaba su cara y cuando le vió doblar uan esquina ella salió corriendo detrás de él, sabía que calles eran, lo que no esperó... fue verle parado delante de su puerta encaminado para llamar.
Pero se detuvo, se dió la vuelta para marcharse, y la vió, fuera de la casa, junto a él.
"Feliz año nuevo un poquito antes, porque después no podré. Esta es mi última publicación del año."
Cuando por fin volvió a desaparecer, sintió cómo la ventana le decía que se asomase, siempre le dice lo mismo. Ella se acerca y le ve. Él fuera, jugando y ella dentro, encerrada, aburrida de siempre lo mismo. Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se dió cuenta cuando él la estaba mirando. Pero así era, él la miraba, y muchas veces intentó ir a verla, para que saliese a jugar con ellos, pero aquella mujer se interponía en los deseos de unos pequeños niños.
La niña volvió de sus pensamientos y esta vez sí se dió cuenta de que él la miraba. Primero se sintió avergonzada, y se puso a mirar a sus lados como queriendo esconderse, y al final miró al frente e iba a saludar, pero se dió cuenta que el niño ya no estaba.
Perdió su oportunidad, tardó demasiado.
Tiempo después de eso, el niño no aparecía, iban pasando los años y la pequeña pelirroja se iba volviendo una señorita que añoraba su brillante sonrisa. Le habría gustado al menos saber su nombre, haber jugado con él, o aunque fuese... haberle saludado a través del cristal. Antes le parecía una nimia cosa sin importancia, pero ahora siente que algo podría haber intentado.
Cuando ya tendría los quince años, sus padres tuvieron un accidente con un coche, esas nuevas máquinas que están haciendo sensación por ser tan nuevas. Al menos aquella mujer ya no está, ella misma contrato a otra chica de la que a su vez se hizo amiga, y salían a pasear, y aprendía mucho más a leer los labios, pero también aprendía lo que debía aprender en un colegio en su momento.
En unas navidades blancas, ella ya tendría sus veinte años, iba por la calle caminando con su amiga, cuando vio a un hombre andando recto, uniformado, corpulento. Le pareció que le sonaba su cara y cuando le vió doblar uan esquina ella salió corriendo detrás de él, sabía que calles eran, lo que no esperó... fue verle parado delante de su puerta encaminado para llamar.
Pero se detuvo, se dió la vuelta para marcharse, y la vió, fuera de la casa, junto a él.
"Feliz año nuevo un poquito antes, porque después no podré. Esta es mi última publicación del año."
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